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¿Se pueden evitar los autosabotajes?

Si quieres vencer tus autosabotajes lo primero que debes considerar es que a eso a lo que le llamas autosabotajes sólo es una parte de tu comportamiento inconsciente. De hecho, no te puedes autosabotear porque no eres ni consciente de lo que hace tu cerebro y aquí reside la clave.

Imagínate que vas en tu vehículo sentado en el asiento del pasajero, pero no lo sabes. Delante de ti, aparece una fantástica cordillera y piensas: “¡Tengo que ir a visitarla!”. 

Llegas al cruce y en vez de ir hacía la cordillera te vas dirección al mar. Tu primera reacción va a ser: “¿Cómo puede ser que esté avanzando en la dirección opuesta si yo quiero ir allá?” Y un gurú te dirá: “Te estás saboteando. Debes cambiar ese modo de pensar sobre ti mismo, bla, bla, bla”.

Pero en realidad, lo que está sucediendo es que tú no estás conduciendo y que alguien más quería ir al mar. Esto nos puede suceder muchas veces al día.

Algunos clientes me dicen: “Yo me autosaboteo cuando se trata de ir al gimnasio”. Bueno, la pregunta es muy simple: “¿A ti te gusta ir al gimnasio?” “No, pero tengo que ir”. Ahí, en ese “tengo que” tienes la primera pista.

Pon atención a cómo hablas.

Las personas solemos utilizar el lenguaje con bastante precisión con respecto a aquello que estamos pensando. Si alguien dice “tengo que ir” es altamente probable que ir al gimnasio no le guste y lo hago por obligación ya que la alternativa es peor.

La palabra “disciplina” implica un esfuerzo en aquello que se está haciendo. Esfuerzo no es sufrimiento, pero no deja de ser desagradable. No tengo nada en contra de la disciplina, pero si utilizas dicha palabra sería interesante que pusieras atención a aquello que haces en tu mente. ¿Utilizas esa palabra? ¿Realmente es tan cansado, pesado, aburrido o peligroso como te lo imaginas?

Lo importante no es tanto cambiar las palabras como lo que te imaginas sobre aquello que tienes planeado hacer.

Si no te gusta lo que vas a hacer, lo único que te queda es que haya una recompensa que lleve a tu cerebro a querer hacer algo o que la consecuencia de no hacerlo sea peor. Pero, ¿Cuál es el problema de la disciplina? Que requiere atención continua. Mira: tu cerebro siempre, siempre va a ir a buscar o el camino de menor esfuerzo o el de mayor recompensa.

Si te estás autosaboteando es porque o no te gusta hacerlo o es muy cansado, o no te recompensa el resultado lo suficiente.

No te regañes por eso. Conviértete en un estudioso de ti mismo. Investiga que está fallando ya que el autosabotaje es sólo un indicador rojo en tu tablero de control.

Pero igual que la idílica población de Hawkins donde sus habitantes viven vidas tranquilas mientras algo muy, pero que muy oscuro vive muy cerca de ellos, a veces nos pasa lo mismo a nosotros.

Y eso tan oscuro es algún tipo de miedo.

Cuando yo era pequeño, en mi casa me decían: “¡No tengas miedo! ¡Eso es de niños pequeños!” Y aprendí a no mirarlos. Hoy en día, con tanto gurú de la actitud (espera, que lo digo en inglés que hace como más de gurú: el mindset) está muy poco de moda tener miedo.

Tener miedo es de gente que “no hace bien las cosas”. Te invito a que observes si hay miedos detrás de estos autosabotajes. A veces son muy sutiles. Te lo digo por experiencia. Y el cerebro siempre tenderá a protegerte de ellos.

Si ir al gimnasio tiene detrás un miedo a la decepción, a la frustración o a pasar vergüenza, tu cerebro hará todo lo que pueda para distraerte de ello.

Te despiertas, haces tus sesiones de respiración holotrópica multidemensional, yoga pranayámico del monasterio del monte Kailash, lees tus 20 min para enriquecer tu espíritu, y ahora toca hacer ejercicios calisténicos para desarrollar tu fuerza física y mental. ¡Y todavía no son ni las 6 de la mañana!

De verdad te lo digo: Nos estamos volviendo todos un poco locos con el crecimiento personal. Yo creo que los pescadores de Okinawa (uno de los más longevos y felices del mundo) no hacen tantas cosas antes de ir a pescar….

El exceso de objetivos genera ansiedad y frustración. Es esa sensación de no estar haciendo ni siendo lo suficiente, fruto de los miles de inputs que te llegan al día gracias a internet.

Antes, mucho tiempo atrás, en una lejana galaxia, tú veías al vecino salir a hacer “footing” o “jogging” y esta era tu referencia de persona que se cuidaba.

Ahora tienes al Vishen Lakiani o como se llame, que se enchufa a máquinas de neurofeedback para entrar en estados alterados de consciencia, que tiene un peso perfecto, que sabe de todo y que tiene una empresa de éxito. Tú también quieres ese éxito, ¿no?

Aprende a dosificar de manera realista lo que puedes hacer en un día y de este modo, tu cerebro no se volverá loco saltando de flor en flor. Muchas veces “menos es más”.

A este fenómeno le podríamos llamar el efecto de la abducción cibernética. Cada día veo a más padres y madres pendientes del grupo de WhatsApp que de sus propios hijos. Y es que las gratificaciones instantáneas nos apartan de lo realmente importante.

Cualquier proyecto que valga la pena debería suponer tiempo y esfuerzo ¿No crees? Dicho lo anterior, al cerebro no le gusta mucho esperarse y por este motivo, caemos como moscas a la miel en cualquier resultado inmediato.

Un objetivo a largo plazo, supone trabajo sin recompensa en forma de resultados inmediatos. Nadie entra al gimnasio con sus chichas y sale como Brad Pitt en Troya. Hacer ejercicio o dieta, aprender un idioma… nada de ello es instantáneo pero el cerebro necesita gratificaciones.

Y claro, para eso ya están todas esas pequeñas tareas como responder un correo, hacer una llamada o simplemente, abducirse en el ciberespacio.

Enfócate en lo importante, tómate más descansos por el camino o haz el camino más recompensante, si no, es altamente probable que la te dejes al niño por el camino.

Ante todo, calma. Autosabotearse es humano. Bueno, mejor dicho: a lo que quizás tu le estás llamando autosabotaje es humano. Es sólo un indicador que algo puede ser ajustado en tu interior. No estás mal, no eres débil ni menos que los demás.

Es sólo una oportunidad de mejora. Date tu tiempo para conocerte mejor e ir haciendo ajustes para modificar lo que te sucede. No quieras correr. ¡Ya llegarás! Y por supuesto, ¡La PNL te puede ayudar a ello!

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